En estos precisos momentos, alguien se debe estar contemplando en el espejo amen de estar completamente convencido de que es La persona más bella y genial de la Tierra. Tal sujeto se tiene como sostén y desdeña de los demás. No hay orden aleatorio. Tal individuo se ubica en primer lugar. Los restantes puestos están ocupados por el Súper Yo y el Otro Yo. El ego se materializa en una especie de aureola que flota sobre su cabeza. Pero tal coronilla no guarda ninguna relación con lo angelical. Al contrario, ese halo ennegrece su alma y lo cerca de las demás personas. Por circunstancias de la vida, o mejor dicho, del destino, algo o alguien mutilan el encapsulado ego de esa anodina alma y trastoca su ser. Como la atmósfera terrestre, el receptáculo del “yoísmo”empieza a protegerse aún más con capas que se solapan entre sí. Pero de nada sirve. Absolutamente, empieza a flanquear la confianza. No solamente hacia los demás, sino también hacia sí mismo. Esa creciente inseguridad íntima que atosiga a la persona (tremenda pesadilla para un ser paranoico) se refleja en Don't Believe Anything I Say, canción compuesta por Graham Coxon, solista británico.
La campestre canción pertenece al disco Love Travels at Illegal Speeds, publicado en 2006, y sigue la línea de su anterior álbum, Happiness in Magazines (2004), en el sentido de accesibilidad sónica. Los LPs previos a Happiness… hablan de un Graham inquietado por atender sus diferentes gustos musicales. Es así que en cada disco, cantados y producidos por autoría propia, Graham muta: un día se calza el traje de folkie (su primer álbum, el delicado y sombrío The Sky is Too High, de 1998, tiene una explícita referencia a los grises y tiernos Leonard Cohen, Nick Drake y Syd Barrett); otro, de skater indie (el encolerizado y adrenalinero The Golden D, de 2000, en donde lo muestra a Coxon cantando como si estuviera padeciendo catarsis en presencia del Diablo, cita como influencias al increscendo rock hardcore y noise rock espacial de Sonic Youth y My Bloody Valentine); otro, nuevamente un folkie, pero más reflexivo (los intimistas Crow Sit on Blood Tree, de 2001, y The Kiss of Morning, de 2002, que retoman levemente la senda del primer disco, pero con una sonrisa, señalan a un Graham sumiso que se desintoxica tras los excesos purgantes de The Golden D); y para terminar la seguidilla de prendas, de indie alegre (los sólidos y templados Happiness in Magazines y Love Travels at Illegal Speeds lo enarbolan como un songwriter cantando bajo un espectacular sol y saltando sobre las calles)
Otrora, a Graham Leslie Coxon (nacido el 12 de marzo de 1969 en Rinteln, Alemania Occidental) simplemente se lo conocía como Graham, guitarrista de la geniosa banda del Brit-Pop, Blur. Comandada por el cantante, Damon Albarn, Blur se sentía como pez en el agua a mediados de los 90. Hasta que Oasis les quitó el puesto de La banda Brit-Pop, y la banda oriunda de Colchester, decayó y esa esencia pop saltarina la declaró por muerta. Esto se tradujo en un verdadero lavaje de cara y a fines de los 90, Blur abrazó el rock indie norteamericano. Gran parte del nuevo sonido (crudo y lunático) se debió en parte a Coxon, coleccionista del rock del Tío Sam, quien ha escrito la abrazante You're So Great para el aventurero disco homónimo (Blur, 1997), clara señal para comprobar su status de songwriter. Y así, al año siguiente lanzó su primer disco, ocasión más que especial para abandonar definitivamente su adicción por el alcohol.
Si The Sky is Too High siembra una terapéutica y bucólica oscuridad, hasta tal punto de haber grabado su voz… ¡bajo una mesa con las luces completamente apagadas del estudio!, Love Travels at Illegal Speeds supone una atenta y clara satisfacción manobriada a la perfección a la hora expresar sus sentimientos. Huellas que hablan de un artista que tiene una indiscutible apariencia de un geek, apodo acuñado por la cultura norteamericana para designar al inconfundible escuálido nerd “cara de nada” que se esconde atrás de esas grandes gafas de grueso armazón negro (¿estilo Woody Allen?) y de un peinado “cuidadosamente” desaliñado. Ese aspecto “nerdístico” de Graham deslumbra a un tipo bastante tímido y maltratado que plasma sus emociones a la hora de componer.
Sin abandonar esa retraída estética, Love Travels at Illegal Speeds señala a un Graham conectado a un generador de electricidad punzante para alabar a la atracción enigmática del amor (ver la propulsiva I Can't Look At Your Skin y la orgánica You Always Let Me Down); la estabilidad idílica (la imparable y pegadiza You & I y la vertiginosa Gimme Some Love); su consecuente infidelidad (chequear la melodía zumbante de Don't Let Your Man Know y Tell It Like It Is, y la regocijada What's He Got?); su inevitable quiebre (tantear la sinceridad triste de Just A State Of Mind, la naturaleza matinal de Flights In The Sea (Lovely Rain) y la acongojada See A Better Day); y el resignado retiro (comprobar la palpitantes Standing On My Own Again y I Don't Wanna Go Out, y la altibaja Don't Believe Anything I Say)
Los acordes de guitarra acústica dan pie a Don't Believe Anything I Say, seguido del dócil redoblante de la batería y el temeroso bajo. Graham se sincera cuando canta. Mira desde arriba lo que acaece en el ensueño. El estribillo, acompañado por un enternecedor y exacto compás del xilófono, y un sencillo teclado, reverbera, con los parpados cerrados y dirigiendo su rostro sobre el suelo, el suave canto solitario de Coxon. El especial solo de guitarra de Graham conmueve y da una prueba fehaciente de lo que sucede en su vaga instinto: total incertidumbre y nostalgia. Su elegía a la total y propia suspicacia va de la mano de la canción silvestre, lejos de melodías complejas. La sencillez, ante todo.
Don't Believe Anything I Say nos habla de su tierna franqueza e inocencia a la hora de enfrentar la realidad. Algo parecido a lo que una persona se comporta cuando se encierra a sí mismo para escaparse de la vida cruel que asecha en forma constante. Su cuerpo está, pero su alma se escabulle para eludir la tajante situación. Cualquier lugar sirve como escondite. En este caso, un árbol. El escenario: un parque. El protagonista se siente más seguro estando en las frondosas ramas del árbol que estar sumergido en la indolencia de las calles. Sin embargo, no le complace su actual situación debido a que su adaptación es lóbrega. La suciedad, el hartazgo, el cansancio y la enfermedad corrompen aún más su débil espíritu. Así, se encuentra con dos caminos: seguir esa marchita vida bajo las hojas o animarse a enfrentar la confianza humana entre los peatones.
Esa lúcida oportunidad se ve truncada por la vacilación del protagonista. Al ver la decadente realidad plagada de mentiras, susceptibilidad, fallas e insensibilidad, el intérprete confirma claramente que la desconfianza ha invadido su alma y mente, por lo que prefiere trepar a ese árbol como si estuviese a cargo de la cofa. Se aposta en la copa bajo la sombra del follaje como techo sobreprotector. A pesar de eso, y de ocultar su vista de las cosas que lo entristecen, se siente herido ya que aquella alma que lo hacía realmente feliz desplegó sus alas y voló lejos, por lo que él, estando solo, extraña esa profunda presencia. Como no quiere sufrir más, se esconde para no intimar con alguien. De esta manera, la ilusión no lo rodeará jamás.
Esa desconfianza de sí mismo estará presente en su pensamiento. Será su karma. A pesar de tener firmeza ante su validación, se pregunta si alcanza la plena felicidad noche y día cuando la soledad se cuela en la arboleda para filtrase en el follaje y le suspira su cuello. Aún así, confía en su desconfianza para abrigarlo cuando salga y caiga el sol, aquel sentimiento que desperdicia al alma y recluye a un modelo inestable y frío, ausente de sí mismo e incapaz de socializarse. Un fantasma. Aún convenciéndose con palabras consolantes, el descrédito lo abraza. Mientras, esas palabras cargadas de escepticismo se harán eco eternamente a lo largo y ancho del parque como un desahuciado viento, pero cómplice de su libertad.
La campestre canción pertenece al disco Love Travels at Illegal Speeds, publicado en 2006, y sigue la línea de su anterior álbum, Happiness in Magazines (2004), en el sentido de accesibilidad sónica. Los LPs previos a Happiness… hablan de un Graham inquietado por atender sus diferentes gustos musicales. Es así que en cada disco, cantados y producidos por autoría propia, Graham muta: un día se calza el traje de folkie (su primer álbum, el delicado y sombrío The Sky is Too High, de 1998, tiene una explícita referencia a los grises y tiernos Leonard Cohen, Nick Drake y Syd Barrett); otro, de skater indie (el encolerizado y adrenalinero The Golden D, de 2000, en donde lo muestra a Coxon cantando como si estuviera padeciendo catarsis en presencia del Diablo, cita como influencias al increscendo rock hardcore y noise rock espacial de Sonic Youth y My Bloody Valentine); otro, nuevamente un folkie, pero más reflexivo (los intimistas Crow Sit on Blood Tree, de 2001, y The Kiss of Morning, de 2002, que retoman levemente la senda del primer disco, pero con una sonrisa, señalan a un Graham sumiso que se desintoxica tras los excesos purgantes de The Golden D); y para terminar la seguidilla de prendas, de indie alegre (los sólidos y templados Happiness in Magazines y Love Travels at Illegal Speeds lo enarbolan como un songwriter cantando bajo un espectacular sol y saltando sobre las calles)
Otrora, a Graham Leslie Coxon (nacido el 12 de marzo de 1969 en Rinteln, Alemania Occidental) simplemente se lo conocía como Graham, guitarrista de la geniosa banda del Brit-Pop, Blur. Comandada por el cantante, Damon Albarn, Blur se sentía como pez en el agua a mediados de los 90. Hasta que Oasis les quitó el puesto de La banda Brit-Pop, y la banda oriunda de Colchester, decayó y esa esencia pop saltarina la declaró por muerta. Esto se tradujo en un verdadero lavaje de cara y a fines de los 90, Blur abrazó el rock indie norteamericano. Gran parte del nuevo sonido (crudo y lunático) se debió en parte a Coxon, coleccionista del rock del Tío Sam, quien ha escrito la abrazante You're So Great para el aventurero disco homónimo (Blur, 1997), clara señal para comprobar su status de songwriter. Y así, al año siguiente lanzó su primer disco, ocasión más que especial para abandonar definitivamente su adicción por el alcohol.
Si The Sky is Too High siembra una terapéutica y bucólica oscuridad, hasta tal punto de haber grabado su voz… ¡bajo una mesa con las luces completamente apagadas del estudio!, Love Travels at Illegal Speeds supone una atenta y clara satisfacción manobriada a la perfección a la hora expresar sus sentimientos. Huellas que hablan de un artista que tiene una indiscutible apariencia de un geek, apodo acuñado por la cultura norteamericana para designar al inconfundible escuálido nerd “cara de nada” que se esconde atrás de esas grandes gafas de grueso armazón negro (¿estilo Woody Allen?) y de un peinado “cuidadosamente” desaliñado. Ese aspecto “nerdístico” de Graham deslumbra a un tipo bastante tímido y maltratado que plasma sus emociones a la hora de componer.
Sin abandonar esa retraída estética, Love Travels at Illegal Speeds señala a un Graham conectado a un generador de electricidad punzante para alabar a la atracción enigmática del amor (ver la propulsiva I Can't Look At Your Skin y la orgánica You Always Let Me Down); la estabilidad idílica (la imparable y pegadiza You & I y la vertiginosa Gimme Some Love); su consecuente infidelidad (chequear la melodía zumbante de Don't Let Your Man Know y Tell It Like It Is, y la regocijada What's He Got?); su inevitable quiebre (tantear la sinceridad triste de Just A State Of Mind, la naturaleza matinal de Flights In The Sea (Lovely Rain) y la acongojada See A Better Day); y el resignado retiro (comprobar la palpitantes Standing On My Own Again y I Don't Wanna Go Out, y la altibaja Don't Believe Anything I Say)
Los acordes de guitarra acústica dan pie a Don't Believe Anything I Say, seguido del dócil redoblante de la batería y el temeroso bajo. Graham se sincera cuando canta. Mira desde arriba lo que acaece en el ensueño. El estribillo, acompañado por un enternecedor y exacto compás del xilófono, y un sencillo teclado, reverbera, con los parpados cerrados y dirigiendo su rostro sobre el suelo, el suave canto solitario de Coxon. El especial solo de guitarra de Graham conmueve y da una prueba fehaciente de lo que sucede en su vaga instinto: total incertidumbre y nostalgia. Su elegía a la total y propia suspicacia va de la mano de la canción silvestre, lejos de melodías complejas. La sencillez, ante todo.
Don't Believe Anything I Say nos habla de su tierna franqueza e inocencia a la hora de enfrentar la realidad. Algo parecido a lo que una persona se comporta cuando se encierra a sí mismo para escaparse de la vida cruel que asecha en forma constante. Su cuerpo está, pero su alma se escabulle para eludir la tajante situación. Cualquier lugar sirve como escondite. En este caso, un árbol. El escenario: un parque. El protagonista se siente más seguro estando en las frondosas ramas del árbol que estar sumergido en la indolencia de las calles. Sin embargo, no le complace su actual situación debido a que su adaptación es lóbrega. La suciedad, el hartazgo, el cansancio y la enfermedad corrompen aún más su débil espíritu. Así, se encuentra con dos caminos: seguir esa marchita vida bajo las hojas o animarse a enfrentar la confianza humana entre los peatones.
Esa lúcida oportunidad se ve truncada por la vacilación del protagonista. Al ver la decadente realidad plagada de mentiras, susceptibilidad, fallas e insensibilidad, el intérprete confirma claramente que la desconfianza ha invadido su alma y mente, por lo que prefiere trepar a ese árbol como si estuviese a cargo de la cofa. Se aposta en la copa bajo la sombra del follaje como techo sobreprotector. A pesar de eso, y de ocultar su vista de las cosas que lo entristecen, se siente herido ya que aquella alma que lo hacía realmente feliz desplegó sus alas y voló lejos, por lo que él, estando solo, extraña esa profunda presencia. Como no quiere sufrir más, se esconde para no intimar con alguien. De esta manera, la ilusión no lo rodeará jamás.
Esa desconfianza de sí mismo estará presente en su pensamiento. Será su karma. A pesar de tener firmeza ante su validación, se pregunta si alcanza la plena felicidad noche y día cuando la soledad se cuela en la arboleda para filtrase en el follaje y le suspira su cuello. Aún así, confía en su desconfianza para abrigarlo cuando salga y caiga el sol, aquel sentimiento que desperdicia al alma y recluye a un modelo inestable y frío, ausente de sí mismo e incapaz de socializarse. Un fantasma. Aún convenciéndose con palabras consolantes, el descrédito lo abraza. Mientras, esas palabras cargadas de escepticismo se harán eco eternamente a lo largo y ancho del parque como un desahuciado viento, pero cómplice de su libertad.
Para Descargar Love Travels at Illegal Speeds: http://rapidshare.com/files/49934810/GrahamSpeeds.rar
Graham Coxon - Don't Believe Anything I Say
I've been lying in the park for ages
I've been staring at the trees
Cold, bright and sunny morning
I've been lying in the park for ages
Getting covered up with leaves
Feeling dirty, sick and tired
Gets me feeling so diseased
Guess I'll get myself up and walk down the street
Oh yeah I really see it now
As clear as mud to me
I just don't believe
Oh yeah I really see it now
I'm just a boy to me
I just don't believe anything I say
Don't believe anything I say
I've been staring at a silver ceiling
Seeing things I don't wanna see
And it kills me every time
How you got away from me
Seems my mind is more a prison now I'm free
Oh yeah I really see it now
As clear as mud to me
I just don't believe
Oh yeah I really see it now
I'm just a boy to me
I just don't believe anything I say
Don't believe anything I say
I'll be thinking 'bout these words forever
Still I'm ending up with me
Why'd I go wasting all your time?
Why did I wanna set you free?
How could I think I'd be happier lonely?
Oh yeah I really see it now
As clear as mud to me
I just don't believe
Oh yeah I really see it now
I'm just a boy to me
I just don't believe anything I say
Don't believe anything I say
I'll be thinking 'bout these words forever (x4)
Larga Vida a la Seguridad!!!!
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