jueves, 26 de marzo de 2009

El Fichaje


Sin previo aviso alguno, Viviana se acerca contagiando su encantador entusiasmo al costado de Federico. Primero, para apoyar su mano derecha sobre la de él y, segundo, para susurrarle a su oído “Fede, hay una personita que esta interesada en vos”. La mueca que se le forma al joven es una mezcla de desconcierto y sorpresa. Su mirada, minutos antes clavada en sus manos enlazadas entre sí, voltea hacia los inofensivos ojos de Viviana para mostrarle a ella su total estupor frente a aquellas palabras proferidas. Ella sonríe y asienta su cabeza. “En serio”, afirma ella. Luego apoya su mano izquierda sobre el hombro de él en son de oportunidad. Una ocasión más que especial para Federico, ya que él no sabe de lo que es sentirse amado.

Es más, hace tiempo que gusta de vos” le dice. Pronto el desconcierto se transforma en felicidad. La mala racha de amor siempre ha acompañado a Federico. Lo sigue como si fuese su sombra. Siempre que le ha gustado una chica, de repente, tal sombra emerge y hace trizas esa ilusión como si nada. ¿Por qué siempre cuando se está a punto de amar algo o alguien se atreve a corroer tal ilusión? Es un enigma. Sin dudas, esa maligna sombra no es sino la soledad, que siempre acompaña al joven. De por sí, Federico siempre fue un solitario huidizo, capaz de abstraerse de la extroversión para sentirse más calmo. Tanto el fatal destino como la soledad hicieron estragos en su vida amorosa. ¿Su vida amorosa? O mejor dicho, su nulo idilio. Sin embargo, este día soleado parece acompañarlo con la confidencia que acaba de escuchar. “Me gustaría saber quién es” le pregunta en forma entusiasmada a Viviana. Ella baja su mirada y le contesta: “No te lo puedo decir, Fede”. Cierta respuesta es acompañada por una extraña timidez, ya que Viviana no es asociable. Todo lo contrario. Es muy comunicativa con todos los demás, pero más con su amigo, Federico. La simple idea de que siente por él algo especial es la respuesta adecuada a ello. Más que amistad, es aprecio. Ella se lo demuestra con abrazos y miradas devotas. Pero él, no es demostrativo. Debe ser por ello que el rechazo justifica su lóbrego estado.

La evasiva ante la pregunta de Federico es acompañada por un corto silencio. “Me va a matar mi amiga…” dice Viviana mientras oculta medio rostro con su mano izquierdo. Ahora ella se siente arrepentida por haberle confesado tal cuestión. “Mirá, no te puedo decir más”, dice abatida. Federico se siente aún más consternado. El enigma lo hace caer al precipicio y en la caída se le presentan un par de preguntas decisivas: ¿quién es?, ¿la conozco? y ¿hace cuánto tiempo está enamorada? Las respuestas a esas dudas se la lleva el viento y no deja margen alguno para una contestación precisa. Ella baja la mirada y atina a responderle: “No te lo puedo responder. Perdona, Fede. Lo único que te puedo decir es que es alguien de nuestro grupo”. Federico trata de recordar algunas de las pocas chicas con las que habló y le baraja un par de nombres: Bárbara, Cecilia, Flavia, Mónica y Romina. Él espera con ansia si Viviana dice aquel nombre clave para su felicidad. Pero ella, mutis.

Federico insiste con el nombre de Flavia, pero Viviana niega que es ella. “Trata de recordar”, ella le recomienda. Se le acaban las oportunidades al joven. Federico muerde levemente sus labios y trata de mirarla a Viviana para preguntarle: “Me voy a desvanecer sin antes sonrojarme y preguntarte si aquella chica sos vos”. Pronto, él se sonroja. Ella, no se queda atrás y sus mejillas se ruborizan. Ella baja la mirada y hace un pequeño silencio, mientras él espera su respuesta. Sin despegar sus ojos en las baldosas, ella le dice un no. Suspira. Mira su reloj y le dice: “Fede, me tengo que ir. Tengo que hacer cosas importantes. Hoy a la noche te mensajeo y charlamos. ¿Dale?” Su mente esta llena de inquietudes. Quiere seguir preguntándole con respecto al asunto, pero ella lo besa en la mejilla izquierda y se va. Alcanza a gritarle su nombre, pero ella corre y sin darse vuelta le dice: "¡Luego hablamos!"

Federico permanece solo en el banco de madera. Su corazón está lleno de exaltación. Una gran placidez se impregna en su débil alma. Nuevamente baraja los nombres para responder a la gran pregunta: ¿quién es? Frunce su ceño. Pronto se da cuenta de algo. Cuando preguntó sobre si ella era la persona, ella se puso incomoda. Es más, ella se fue ante tal pregunta. ¿Excusa? No quiere ilusionarse. Hace tres años conoce a Viviana y siempre estuvo interesada en ella. Pero no sabía como decírselo. En realidad, no sabía si se sentía atraída por ella o no. Siempre estuvo hechizado por su lacio cabello rojizo y su tierna mirada. Esa inocencia infantil que abate toda frialdad. Pero hay ver con respecto a ella si siente lo mismo por él. Él está alegre. Se levanta del asiento y se va a su casa.

Luego de comer con sus padres, Federico se va al patio y se sienta en la banqueta blanca y espera por el llamado de Viviana. No quiere llamarla por temor a insistir. “¿Qué tal si es ella?” se pregunta balbuceando. Contempla su celular negro mientras juguetea con él. Lo deja en la mesa y observa la noche. Está despejada. Las estrellas brillan. El follaje de las plantas que rodean al patio no permite ver a la luna. Cierra sus ojos por un momento para tranquilizarse. De repente, escucha el ringtone de su celular. Abre sus ojos y agarra el celular. Es Viviana. Su corazón no para de palpitar. Abre el celular y ve un mensaje de texto. Lo lee. “Hla, FD. Kiero verte mañana a las 6 en mi kasa”. Nos vmos. Viv4n”. Qué entusiasmo. Federico sonríe. No sabe con exactitud si es ella u otra chica que motivó a él un grandioso gozo y una profunda ofuscación en su corazón. Por primera vez en su vida, alguien piensa en él. No ve la hora de que sea mañana para descubrir el enigma.

Se dirige a su pieza. Prende el velador luz de su mesa de luz. Se despoja de su ropa para ponerse el pijama. Abre la frazada y se acuesta. Apaga el velador, pero no cierra pronto sus ojos. Se queda mirando el techo. Sueña despierto. “Ojala sea Vivi” En el fondo de su corazón, presiente que es ella la persona. Durante su amistad con ella, él nunca le dijo que era hermosa. El motivo es simple: su apabullada timidez. Sin embargo, Viviana le mostrado signos de interés por él, como su dulce mirada, los abrazos y tomar su mano. Habrá que esperar el día de mañana. Pronto la pesadez lo vence y cae dormido. Duerme con una cálida sonrisa, al igual que en estos momentos lo hace Viviana.

El sol abraza con total candidez un nuevo jueves. Federico se levanta con toda el regocijo. Hace la cama. Se viste en forma informal para ir a la universidad, no sin antes desayunar. Agarra su mochila parda y abandona su casa. Espera ver en el aula a Viviana. En su camino a la casa de altos estudios, piensa en ella. Siete cuadras separan su casa de la universidad. Pero él se toma el tiempo para caminar en forma mansa para no perder el tiempo en pensar en aquella joven. Llega a la facultad. Ingresa al aula. No hay nadie todavía. Deja su mochila en su asiento. Espera. Se escucha un par de pasos. Anhela que sea ella. Falsa alarma. Es otra persona. Y así llegan un par de estudiantes, pero Viviana no llega. Luego de media hora, llega el profesor para dictar la clase de hoy. Todos abren las mochilas y sacan de ellas sus carpetas. Federico se encuentra desilusionado, pero recuerda que la va a ver a la tarde. Así que el ensueño regresa de vuelta a su corazón.

Tras cuatro horas, la clase termina. Menos para él, quien se debe quedar hasta las 17:00 hs. ya que tiene que concurrir a la clase de Computación II. Tiene una hora antes para almorzar. Se va a un pub. Come carne con puré y un vaso de jugo de naranja. Luego de comer, saca su celular. Lo abre y la llama a Viviana. No hay respuesta. No atiende el teléfono. Le manda un mensaje de texto. “Hola Viv4n. ¿K T pasó? Llamame, please. Besos. FD” Hora de esperar su llamado. Pasan los minutos y nada. No quiere insistir. Mira el reloj del pub empotrado sobre las botellas de vinos. Faltan diez minutos para que empiece la clase. Llama a la camarera y le paga. Abandona el local. Cruza la calle e ingresa a la universidad. Un par de estudiantes permanecen fuera del aula, ya que la misma está cerrada con llave. Tras quince minutos de espera, llega la profesora. Ingresan. Son las 17:00 hs. Termina la clase. Abandona el lugar. Llega a su casa. Merienda café con leche con medialunas. Se va a su pieza. Se arregla apropiadamente para la ocasión. Se mira en el espejo y suspira. Pide que el destino se ponga a favor suyo en el día de hoy. Abandona la casa. Camina tres cuadras para ir a la parad del colectivo. Tres personas están atrás suyo. Espera diez minutos. Llega el transporte. Se sube. Paga el boleto correspondiente. No dista mucha distancia entre su casa y la de Viviana.

Luego de veinticinco minutos, llega a la casa. Baja del colectivo y camina dos cuadras. Está enfrente de la puerta de la casa de Viviana. Suspira. Toca el timbre. Se escuchan un par de pasos en el interior del hogar y abre la puerta. También ella se arregló para la visita. Está hermosa. Lo recibe con una sonrisa, al igual que él. Se saludan con un beso en las mejillas. Luego se ven. Pasan cinco segundos de mirada. Ahora, la pregunta viene a la cabeza de Federico: “¿será ella?”.

Larga Vida a la Correspondencia!!!!!

1 comentario:

Majo dijo...

Hola Fer!!! esta me gusto y mas de una vez me paso, bueno a quien no?, puede terminar bien o mal esta historia, me quedo con que ella sea la chica para el y comieron perdices...besos!!!
Majo

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