
Si hay algo tan desesperanzador, y a la vez casi superfluo, es saber que atrás del tubo del teléfono no está nadie. Uno espera que al segundo tono, se le conteste el llamado y entablar de ahí en más una simple charla. Se mantiene un velo de suspenso a la hora de esperar que aquella persona tan especial agarre el tubo sólo para escuchar su voz. Solamente se quiere escuchar esa voz tan dulce. Eso es lo que anhela Mabel.
Recostada sobre la tiesa frazada azul de su cama, Mabel contempla el teléfono rojo. Recuerda que su madre le había comprado tal teléfono en un local de antigüedades. “No importa que tan antaño sea, lo que cuenta es que sea un teléfono” le dijo ella a su madre ni bien le entregó envuelto como regalo. Recuerda cómo su padre le ayudó a conectar la línea con una ficha nueva. Y de ahí en más, cada vez que la llamaban por diversos motivos (mayormente eran charlas íntimas entre amigas) ella perdía totalmente noción de tiempo y charlaba. Afortunadamente, o mejor dicho, extrañamente, cuando venía la factura telefónica sus padres la pagaban sin chistar. A veces, las charlas tocaban temas tanto serios como disparatados. Serios como el drama que padece cualquier adolescente por un amor no correspondido o disparatados como los chistes que cuenta alguno que otro profesor en medio de la clase. A veces se ponía alegre (en realidad siempre lo es) cuando las amigas la llaman para salir a la noche, y a veces triste (algo raro en ella) cuando no la llaman por un enojo. O porque se le había prometido llamarla tal día a tal hora.
En este momento, la felicidad que siempre la caracteriza se ha esfumado del todo. Un poco le duele la garganta. Se toca levemente su cuello. Duda que sea gripe. Se levanta de su cama en forma perezosa. Se toca su frente y abre la puerta de su habitación lentamente. No quiere despertar a sus padres. Cuidadosamente pasa por la habitación de los mismos y atraviesa el comedor. Llega a la cocina y abre la heladera. El destello de la luz de la heladera un poco la encandila. Luego agarra la botella de agua. Está a la mitad. La saca y la pone en la mesada. Luego prende el tubo fluorescente empotrado en la pared. Tras cinco segundos, se hace la luz. Luego abra la puerta de la alacena y saca un vaso de vidrio. Lo llena con agua por la mitad y lo bebe a pequeños sorbos. Mientras bebe, sus ojos contempla el reloj con forma de sartén puesto en la pared. Marcan las 23.15 hs. Cada minuto que pasa es una gota de ilusión que se evapora. Cierra sus hermosos ojos para no ver más a aquel maldito reloj. Pero inevitablemente escucha el tic-tac. Termina de beber y lo enjuaga para luego ponerlo en la escurridera. Luego apara el tubo y se dirige a su habitación.
Las flores dibujadas como adornos en toda la pared de su habitación les dan nuevamente la bienvenida a las pequeñas rosas blancas y rojas que cubren sobre un fondo azul la prenda de Mabel. Cierra la puerta y se tira sobre la cama. Apoya su débil cabeza sobre la frazada y esconde su rostro entre sus brazos. Tiene un poco de sueño, pero el hecho de que Ricardo le dijo que a las 23.00 hs. iba a telefonearla para charlar hace que todo el café del mundo equivalga a nada para mantenerse lúcida. Sería triste si el teléfono que tiene al lado de su vientre se riera de su actual desdicha. Entre la leve oscuridad que ve Mabel producto de estar tapando su rostro con sus brazos, rememora aquella tarde después de salir de la hora de clases. Esta misma tarde en que Ricardo se le acercó para pedirle su teléfono para charlar y le dijo: “Mab, te molesta si te pido tu teléfono para charlar. Si te molesta algo en lo que digo en mi llamado, tenés el permiso de maldecirme y cortarme para siempre”. Mabel siempre estuvo enamorada de él. Desde que lo conoció hace un mes, ella sintió un gran gozo en su corazón. La sola presencia de él hacía de ella un ser muy feliz. Cuando le hablaba, ella se perdía en su voz y la mirada de él la cautivaba. Así se deben sentir aquellas almas cuando ven a alguien como un bien preciado y enternecedor. “Hoy a las 11 de la noche te llamo” le había dicho a Mabel. “Espero tu llamado” Y se despidieron con un tierno beso en las mejillas. Pensar que su amiga Nadia los presentó en su cumpleaños. Y coincidieron en casi todo mientras charlaban en el porche de la casa: The Beatles, Borges, Van Gogh y Woody Allen. Ambos son tan tímidos que no se dijeron el uno al otro que se interesaban entre sí. Había sido una excelente noche. Lástima que esta noche es tan grata para ella.
“¿Por qué no me llama?” Se siente culpable Mabel. “¿Habré dicho o hecho algo malo?” Su piel casi pálida tiene escalofríos. No es por el frío. Apenas corre una leve brisa que mueve la cortina parda de la ventana de su pieza. Se estremece por pensar que tal vez Ricardo se olvidó de llamarla o, peor, que jugo con sus sentimientos. Trata de no pensar eso. Ella es optimista y es absurdo para ella ser negativa en un momento de espera. Levanta apenas su cabeza para ver su reloj pulsera. Son las 23.35 hs. Luego se derrumba sobre su frazada. Luego suspira. Sus párpados lentamente empiezan a hacérseles pesados. Cae en un profundo sueño. Luego se escucha el timbrazo del teléfono. Mabel se despierta bruscamente de la cama y no quiere atenderlo enseguida. Sino, parecería como una mujer desesperada. Es más, si ella lo llamaba sería un total acto de desesperación. No quería caer en la idea de llamarlo una y otra vez hasta el hartazgo. Hubiera roto de por sí una relación amistosa de varios días. Espera al tercer timbrazo y levanta el tubo lentamente. Aclara un poco su voz y saluda. Es Ricardo. Uno se debe sentir como un ángel tocando el cielo cuando escucha un simple hola de esa persona tan especial que hace que todo valga la pena en la vida.
“Perdona Mab, pero estuve muy ocupado con el asunto del trabajo práctico de mañana” dice Ricardo. “No hay problema. Lo importante es que estamos en línea para charlar. Así que charlemos” dice Mabel mientras se sonroja y sonríe como una pequeña niña. “Bueno… charlemos…” dice tímidamente Ricardo. Y así charlan durante una hora. Y se conocen aún más a lo largo de la charla telefónica. Ahora sí esta noche es muy grata para Mabel.
Larga Vida a la Paciencia!!!!!
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