domingo, 12 de octubre de 2008

Off


No hay ningún mísero rayo de luz que se filtra a través de la verde cortina. La misma cortina ni siquiera es movida. Está inerte. Ninguna brisa la hace mover. Silencio. Karen abre los ojos perezosamente. No es capaz de estirar sus brazos y piernas. Mira el techo de su habitación. Domina el color pardo. Baja su mirada y menea su cabeza a la izquierda. Está vacía la zona. Su novio, Claudio, se acaba de ir hace media hora. Partió a su oficina. Karen no se asombró al haber escuchado a su novio levantándose del lecho con mucha mesura, haberse sacado el pijama y puesto su ropa de trabajo. Pantalón de vestir, camisa, botones, corbata y saco con mucha precaución. Luego lo escuchó bajarse por las escaleras, prender el velador de su escritorio y acomodar un par de carpetas para ponerlo en su maletín. Cierre del maletín, combinación y roce del mismo sobre la mesa. Luego, abrió y cerró la puerta principal con mucho cuidado. El ruido de las llaves brilló por su ausencia. No se asombró debido a que él ni siquiera la besó en su mejilla. Sin embargo, ella percibió, no sabe cómo, la mirada de su amor antes de dirigirse hacia al escritorio.

Karen contempla por un rato el paisaje que se ve a través de la cortina. El día está totalmente gris. Luego mira el reloj despertador. Marcan las 06. 00 hs. Hora de levantarse para ir a trabajar. En forma desganada, se dirige hacia al baño, se lava su cara y se peina. Luego se cambia de ropa y tiende su cama. Luego va hacia a la cocina. Té con tostadas. Sale de su casa. En su camino al trabajo, contempla el cielo. Parece que el mismo pide piedad por algo malo. La lluvia está amenazando a todas las almas que deambulan por la ciudad. Almas que no paran ni para entablar una mínima conversación. Todas están automatizadas. Sus vistas están clavadas hacia el frente. No se miran el uno para el otro. Karen percibe que aquellas personas no se ven entre sí. Es más, el silencio reina en el ambiente. El único ruido proviene del motor de los autos que pasan por las calles.

Llega a su oficina. Se sienta y tiene a su lado un pilar de carpetas. Debe traspasar todas aquellas carpetas a formato digital para luego imprimirlas y llevarla hacia el sector de Contaduría. En medio de tal tarea titánica, debe escribir unos resúmenes acerca los depósitos que se llevaron a cabo en los últimos tres meses para luego balancearlos. A las 13.00 descansa quince minutos. Se va al bazar a comer. Elige ensalada rusa. Come mirando solamente su plato. El resto de los empleados actúan de la misma manera. Sólo se escucha el tic-tac del reloj de la pared. Termina el horario del almuerzo. De vuelta al trabajo. Son las 19.30 hs. Hora de ir a casa. No pudo terminar el trabajo de hoy, por lo que mañana debe seguir. A eso sumando de que mañana le van a dejar otra carpeta para concretar la misma tarea.

A pocos metros de llegar a su casa, ve la luz encendida del porche. Llega a su casa. Golpea la puerta. Lo atiende su novio. Apenas rozan sus mejillas para saludar. Apenas se escucha un débil hola por parte de los dos. Deja su cartera y saco en la silla del comedor. Va al baño para lavarse sus manos. Se mira en el espejo del botiquín. Nada para expresar en su bello rostro. Los dos hacen la comida para la cena. Comen sin hablarse. Miran a veces sus platos correspondientes, al vaso, al mantel, al piso y a la alacena. Beben agua. Silencio. Sólo se escuchan los tenedores y cuchillos tocando la vajilla. Terminan de comer. Luego se retiran de la mesa no sin antes lavar los platos y los vasos, ponerlos en la escurridera y limpiar el mantel. Ponen sus sillas en su lugar. Se retiran de la cocina.

Claudio va a la biblioteca para leer el diario. No le gusta ver la televisión. Abre la puerta de la sala, prende las luces y se sienta en su sillón. Silencio. Luego de media hora, Karen abre cuidadosamente la puerta de la pieza. Ve a su marido sin sorpresas. Se queda en la entrada de la puerta. Apoya su cabeza sobre el marco de la misma y mira a través de la ventana de la biblioteca la noche oscura. Nubes cargadas de inseguridad. Lentamente desvía su mirada hacia al piano y se dirige hacia el mismo. Se sienta en el taburete y roza sus manos sobre las teclas. Ve la partitura de Para Elisa. Baja su mirada hacia las teclas. Mientras fija sus ojos sobre las mismas, le quiere preguntar algo… Pero no. Se queda tiesa. Apenas masculla “lo mismo”. Intenta tocar una tecla pero no puede. Es ya de noche. Puro silencio. Se escucha el pasar de las hojas del diario. El reloj marca las 23.00 hs. Luego Claudio cierra su diario, contempla un poco el piano, se levanta del sillón lentamente y abre la puerta de la biblioteca. La cierra sin ningún crujido. Mientras Karen sigue contemplando el piano y rozando sus tiernas manos sobre las teclas. Puro silencio. Luego de una hora, se levanta del taburete y mira de vuelta el piano y la noche vista desde la ventana. Ninguna estrella. Apaga las luces de la sala y cierra la puerta cuidadosamente. Sólo silencio. Es hora de dormir para luego levantarse y seguir con la misma rutina de siempre.

En el día de hoy, una vez más, el tedio ha ganado. Y ese será su destino.

Larga Vida a las Nuevas Cosas!!!!!

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