
Tranquilidad. Eso es lo que reina en la mente de Germán. Está sentado sobre el pasto de una bella plaza. El día es muy hermoso. Los pájaros cantan. El sol proyecta sus finos rayos sobre el rostro de él. ¿Será una señal? Se siente cómodo. Mira a sus costados para ver si aparece ella. Hay poca gente. Algunas personas están dormidas. Unas bajo la sombra del árbol. Otras sobre el pasto. Otras, charlando sentados en una fuente. En fin, todos tienen un tiempo de ocio para distenderse de sus obligaciones. Y el lugar predilecto, esta plaza. Mismo lugar en que Germán espera a una persona muy especial.
Su alma está lleno de gozo. Tiene esperanzas. Nuca estuvo tan feliz hasta ahora. La felicidad abriga a Germán. Ahora más porque vino aquella persona. Ella. Lorena. Él se para y la mira. Él la va a buscar. La brisa ha conducido a estas dos almas a encontrarse. Ella viene mirándolo. Sólo uno sabe qué hay detrás de esas miradas reconfortantes. Uno siente una tierna debilidad que hace que levitemos. Las miradas de ambos están sobrecargadas de afecto. Ambos se dan un beso en las mejillas, y luego se miran el uno al otro por pocos segundos. El alma intenta decir algo, pero se resguarda en decirlo.
Luego, la dulce melodía está a cargo de ellos.
-Hola, Lore.
-Hola, Germán.
-Pensé que no ibas a venir. Digo, por el lugar para encontrarnos- Germán mira sus manos.
-Bueno, lo importante es que llegué para que charlemos, ¿no?- Lorena se ríe.
-Si es cierto. Llegaste. Y nada más importa.
-El lugar es muy hermoso. Desconocía este lugar. Creo que vendré muy seguido.
-Por lo menos, tres veces al mes paseo por acá. Cuando estoy muy aburrido o necesito pensar, vengo a esta plaza. Me gusta este lugar- lo dice con una sonrisa de oreja a oreja.
-Cualquier lugar que sea tranquilo y placentero es bueno para pensar o charlar. Ya veo que hay personas que están durmiendo o charlando- mira a sus alrededores-. Y más a la tarde cuando está a punto de oscurecer.
-Bueno, cuando se hace de noche, esta plaza es un verdadero espectáculo. Toda la gente sale de sus casas para pasarla bien. Una infinidad de gente.
-Tenés razón. Un domingo es el día especial para salir. Será por eso que viene mucha gente.
-Lore, te olvidaste de decir un domingo con sol. Eso es tener un espectacular día.
-Sí, sí- ella asienta con una sonrisa- y más con un amigo.
-Eso seguro.
“No seas tímido”, piensa el alma de Germán para si mismo.
-Con todo respeto, Lore, pero te puedo hacer una pregunta.
-Si es acerca de mi look- ella ríe.
-No, no, estás bien vestida. La camisa, los jeans y las zapatillas son tu fuerte.
-Gracias.
-No, la pregunta era si te incomodó haberte llamado.
-No, Germán. Para nada. Es más, te soy sincera: esperabas a que me llamaras.
-Bueno, adivinaste mi mente.
-¡Exacto!- dice Lorena entre risas, luego sonríe- Estaba muy aburrida en mi casa y quería charlar con alguien en especial, por eso cuando me llamaste, me emocioné.
-¿En serio?- dice Germán.
-Sí, es cierto, Germán- dice Lorena mirando fijamente a sus ojos- Estaba aburrida y sola, y necesitaba charlar.
Germán se queda emocionado, pero por adentro. En su vida, alguien pensaba en él.
-Bueno… parece que nos necesitamos mutuamente. Yo también quería charlar con vos.
-¿Es algo malo?- pregunta Lorena.
-No, no. Para nada. Por suerte es algo bueno.
-Entonces me quedo más tranquila.
-Te propongo, algo: paseemos por la plaza.
-Acepto su propuesta, señor- ríe ella.
Pasean uno al costado del otro, siempre mirándose. Mientras, el sol empieza a bajar para dar entrada a la noche. O mejor dicho, el sol se pone anaranjado. Quizás para sentirse más cómodo.
-¿Hace cuánto somos compañeros de clase?- pregunta Germán.
-Mmm… creo que tres años. Tres años de los cuales no me arrepiento para nada.
-Lo mismo digo. Tres años de pura y verdadera amistad.
-Me acuerdo del primer día en que nos conocimos.
-Sí, pensar que ese lápiz que cayó sobre el piso del aula quiso que nos encontremos.
-No sólo ese lápiz, Lore. El asiento. No tenías otra opción que sentarte al lado mío porque era el único banco.
-Bueno, no me hubiera gustado sentarme sola en el primer día de clase- ríe Lorena.
-Ojo, yo tampoco- remata Germán- También me acuerdo de los trabajos que hacíamos para la facultad… y de los dolores de cabeza que nos trajo.
-Por suerte, lo superamos. Y salimos bien parados frente a los profesores.
-Siempre conformamos un buen equipo. No sólo en la facultad, sino también en las salidas. Los pubs…
-Síiiii, y ¿las charlas?
-Recuerdos, recuerdos, recuerdos…- suspira Germán.
Luego de caminar un buen rato por el pasto, ven un par de árboles y entre el bosque, un banco. El destino los unió por medio de un banco. Y de vuelta, quiere verlos juntos en este momento.
-Sentémonos allá- señala Germán.
-Ok- dice Lorena.
Atraviesan el bosque y llegan al banco. Es de cemento y antiguo, y hay algunas hojas de cerezos sobre ella. Germán las aparta un poco al costado y se sientan. Los rayos del sol anaranjado atraviesan las ramas de los árboles que rodean al banco. Se puede apreciar algunos petirrojos revoloteando. Germán agarra una hoja del cerezo y se la da a Lorena.
-Gracias, Ger. Lo voy a aguardar en mi cuaderno- dice Lorena.
-¿Tenés un diario íntimo?- pregunta Germán.
-Sí, hará tres años que lo tengo.
-Bueno, la hoja te va a servir como un señalador aromatizante.
-Obviamente que sí- responde Lorena con una sonrisa.
“No seas tímido”, piensa con esperanzas su alma.
-Bueno, ya que estamos solos quería decirte algo importante- dice Germán
-Sí, decime- dice Lorena mirando a sus ojos.
-A ver… últimamente estuve pensando en vos… Me pasan cosas muy fuertes cuando te veo, te oigo y cuando estoy con vos. Todo el día pensé en vos. Y más hoy. Porque te cité para decirte que me gustas mucho… Me… me gustas Lore- luego de mirar al pasto, la observa a ella.
-Vos… vos también me gustas, Ger. No sabía como decírtelo. Esperaba tu llamado por ese motivo. Yo quería verte también para decirte que desde que nos conocimos, siempre hubo algo más que una amistad, algo hermoso.
-Concuerdo en eso… Lore, pensé mucho en vos. Y creo que extrañar a una persona de una manera profunda es algo más que una amistad, es amor- dice Germán.
-Lo mismo digo, Ger. Cuando salimos de la facultad por diferentes motivos, me sentía un poco triste porque no te veía a la semana siguiente. Es más, al doblar la esquina, ya te extrañaba.
-Yo te extrañaba aún más. Por suerte, ese distanciamiento se convirtió en algo más fuerte. Esa amistad en algo más lindo- mira Germán soslayadamente al rostro mientras su mano toma la de Lorena con ternura. Sienten que sus dos almas están a punto de desvanecerse.
-Te amo, Lore- dice Germán.
-Yo aún más- dice Lorena.
Germán le da un tierno beso a Lorena mientras le acaricia su bello rostro. Luego de haberse besado, se abrazan como si fueran dos almas muy enamoradas. Y lo están verdaderamente.
Larga Vida al Amor!!!!!
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