martes, 17 de mayo de 2011

Tiempo Final


Los nervios provocan lo peor de Jessica. Vomita sobre el sucio suelo cubierto de hollín y herrumbre. Martín y Gonzalo se corren hacia atrás y sueltan sus nefastas carcajadas. La victima solloza entre saliva y saliva que cae sobre sus labios partidos. Llora. Balbucea.
- ¡Miss Primavera llora! ¡Una actriz de la mierda! -vocifera Martín. Su grito se hace eco sobre el oscuro sótano. La humedad es insoportable. Pilas de diarios viejos están empapadas. Los vidrios de las ventanillas superiores del techo están rotas, pero cubiertas con maderas de roble. El paso del tiempo evidencia su putrefacción. La única iluminación: una bombilla que cuelga sobre el techo. El cable que la sostiene es endeble. Se pueden divisar finos cables rojos y azules entrecruzados.
-¡Por… fa… vor! -suplica de modo entrecortado la morena chica.
Su cara se encuentra totalmente desfigurada. Moretones en su alicaída cara. Su tabique está desviado y sus labios, partidos. Su remera verde pastel se ha convertido en roja por la cantidad de sangre que expidió de su cara y boca. Los jeans, ídem. Tres moscas vuelan a su alrededor como hambrientos cuervos. Pronto se sumarán más. Despide un desagradable olor. Es un monstruo, pero acobardado.

Martín se acerca a ella y le escupe directo a los ojos. Luego le da una patada al pecho y cae sobre el sucio piso. El fuerte golpe le provoca un severo desvanecimiento. El joven violento salta de alegría. Gonzalo siente un nudo en la garganta.
Los sujetos se acercan a Jessica y se agachan para ver si está viva.
-Eh, puta de mierda. Despertate -dice Martín
La agita de los hombros. Nada. Le da cachetadas. El mismo resultado.
-Tomale el pulso –le dice a Gonzalo.
Temeroso, agarra la muñeca derecha con los dos brazos y espera el pulso. Espera.

Silencio.

Silencio.

Silencio.

-No, no tie… no lo tiene -Gonzalo suelta la muñeca de la joven. Se incorpora del piso y da unos pasos atrás hasta tropezar con el armario.
-¿Cómo que no tiene pulso, boludo? Fijate bien antes que yo te mate.
-No tiene pulso, idiota. Que te estoy diciendo.
Martín toma la otra muñeca de Jessica y espera. Gonzalo respira fuerte. Como si la faltara el aire.
-Esta pelotuda no tiene ni sangre en la venas. Te das cuenta que clase de persona es.
Se levanta del piso y agarra un sucio balde de metal situado a la par de la escalera. Contiene kerosén.
-Con esto de tiene que despertar -dice con una sonrisa maliciosa.
Vierte violentamente todo el desagradable contenido sobre el rostro de Jessica.
Nada.

Se acercan al cuerpo de Jessica para asegurar si está viva. Nada.
Martín saca de su bolsillo izquierdo un paquete de cigarrillos. Saca uno y se lo lleva a su boca. Busca su encendedor Zippo de plata que le regaló su novia en sus bolsillos de su jean oscuro. No lo halla.
-¿Viste mi encendedor?
-¿Para qué?
-¿No me ves, boludo?
-Si te veo, ya se lo que vas a hacer.
-Ayudame a buscarlo.
-No.
-¿Qué dijiste?
-Ni en pedo te lo busco. Ya fue suficiente. Me harté. Me voy.
-Pará, pará, pará -lo mira con agudeza- ¿Cómo es eso que “Ya fue suficiente. Me harté. Me voy”? ¿Ahora te arrepentís? ¿No te acordás lo que te hizo esta puta de mierda? -apunta con su índice derecho al cuerpo- ¡¿Te lo repito?! ¡Te humilló!
-No era necesario que me lo digas de vuelta -solloza-, pero creo que hay un límite. Basta... Por tu culpa, estamos en esta situación de mierda.
Martín mira fijamente a Gonzalo. Mezcla de odio y perplejidad.

-Escuchame, pelotudo… Vos tenes la culpa. Vos me viniste a ver a casa. Llorando como un puto que da lastima por ahí, mendigando ayuda. Que querías contención porque no podías soportarla. ¿Te acordás?
-Sí -balbucea. Sus ojos, vidriosos.
-Te dije, hagamos esto y vos acataste. Asentías con la cabeza casa paso que tenía que hacer. Te dije si estabas seguro de lo que debía hacer. ¿Y vos? Sí. O sea, estamos los dos hundidos en esta mierda.
Gonzalo suspira y agacha su cabeza.
-Pero, a ver, Martín… ya van tres meses de estar encerrados acá. Apenas pude salir de acá para tomar un poco de cerveza… Me estoy volviendo loco. Además, es muy seguro que la están buscando a esta mina. Tarde o temprano va a venir la cana…
-¿Qué mierda queres hacer? –interrumpe.
-Ir a la policía y decir todo.
-Ahora el puto tiene remordimiento por lo que hizo… ¿Me vas a acusar?
Silencio.
Antes de pronunciar un veredicto, Martín lo golpea a Gonzalo en el estomago con su puño derecho. Grave es el dolor que se cae sobre el piso y trata de respirar, pero no puede.
-¡Pedazo de pelotudo! ¡Te humilló! Te lo voy a hacer recordar… Ese sábado te dijo que no servías para nada frente a todos los clientes. Esta encargada pedorra te hizo la vida imposible: te basureó y te maltrató, de pies a cabeza. Fuiste a mi casa y dijiste “Quiero matarla”. Te dije que recapacitaras, pero hinchaste tanto los huevos que querías que sufriese lo mismo que vos, pero peor.
Mientras mas recuerda, su mente empieza a ponerse en blanco. Se acerca a Gonzalo y le da fuertes patadas al vientre del joven. Mientras patea, prosigue.
-¿Te acordas? La esperamos a que salga a la noche del laburo y le pegué un martillazo atrás de la cabeza. Me ayudaste a ramearla por la calle y le decías a cada boludo que nos veía “Está borracha. Se tropezó con un pedazo de fierro”. Llegamos a mi casa. Bajamos. La atamos, la hicimos cagar de hambre, la puteamos y la matamos a golpe. Ahora te arrepentís, pedazo de mierda... ¡Buscá el encendedor! -deja de patearlo.

Gonzalo tose y escupe sangre.
-¡La puta madre! -levantate y busca lo que te dije -se agacha y lo levanta de los hombros bruscamente y lo lanza contra el cuerpo maniatado de Jessica. Se acerca y nuevamente lo levanta del piso.
Con las pocas fuerzas que tiene, Gonzalo le escupe sangre en los ojos de Martín.
-¡¿Qué mierda tenés en la cabeza?! -grita Martín.
Gonzalo se abalanza contra él y lo lleva contra la mesa de madera. Forcejean el uno contra el otro. Mientras que con la mano izquierda intenta detener al débil joven poniéndola sobre su pecho, Martín palpa la mesa en busca de algo y lo halla. El viejo martillo de su padre. Con todas sus fuerzas lo golpea en la cabeza. El joven se tambalea y siente la sangre que brota de su sien. Se abalanza y lo golpea nuevamente. Se desmaya y lo martillea hasta dejarlo muerto. Mientras lo hace, grita con odio.
-¡Hijo de puta!
Luego de cinco minutos, se detiene. Mira la cabeza hecha trizas de su amigo. De repente se percata que alguien lo está viendo. Mueve sus ojos. Se percata que rápidamente cerró sus ojos claros. Se acerca al cuerpo.
-¡La concha de tu madre! Se aproxima velozmente a ella y martillea contra su sien durante cinco minutos. Luego tira la herramienta contra la puerta del armario.
-¡Hija de puta! -le grita.
Está agitado. Gira su cabeza por todos los sucios lados del sótano.
-¡¿Dónde mierda está el encendedor?!


C’est la vie!

4 comentarios:

Afterglow dijo...

wow... te pasaste... está genial!!!

Fer dijo...

Hola Sol! Todo bien?
Gracias por pasar!

Hace un año q no escribía.

Besos!

Allek dijo...

Gracias compi! por tus palabras! es un gusto y honor... y si.. quizás siga añorando el invierno.. es algo que dice mucho!
gracias!

Afterglow dijo...

sip, se te extrañaba. Este 'cuento' me encantooo! moooy bueno Fer!
...y si, yo todo bien, gracias! jeje
Cuidate. Besito!