
El capuchino lo hace sentir muy cómodo. Respira un correcto beneplácito en la casa de su mejor amiga, Leticia. Daniel toma otro sorbo y le halaga la dulce infusión. Se da vuelta y le dice a aquella encantadora joven: “Leti, gracias por este humilde trato”. Ella baja la mirada y le dice: “No es nada, Dan”. Daniel se da vuelta y toma otro sorbo. Luego siente un ardor en su garganta. Sus pupilas se dilatan y no puede respirar. El contenido de la taza se torna rojo. Daniel se toca la garganta con sus dos manos y se ahoga. Trata de levantarse, pero le es imposible. Cae al suelo junto con la silla. Su vista de desvanece, al igual que los latidos de su corazón. Leticia contempla el cadáver y traga un poco de saliva.
Mira el cuchillo como el arma que acaba de aniquilar a su amigo de confianza. La mente de Leticia está lúcida. Salvo sus ojos desorbitados. La sangre empapa el filo del cuchillo. Pronto se esparce sobre la empuñadura de madera. Lleva el cubierto al lavabo de la cocina. Abre la canilla de agua caliente y lo lava con la esponja. Lo deja en el secaplatos para más tarde guardarlo en el primer cajón de los cubiertos. Se seca las manos con el repasador amarillo. Mira el cuerpo tendido en el suelo del comedor que empieza a tornarse de rojo. Avanza hacia el cadáver tendido boca abajo y se agacha para verlo. Con su mano derecha mueve el hombro izquierdo de su extinto amigo para cerciorarse de su muerte. Nada. Agarra su muñeca izquierda y le toma el pulso. Nada. Leticia levanta su vista hacia el techo del comedor.
Agarra los brazos de Daniel y lo arrastra. Pesa. Mientras lo saca de ese cuarto, el cadáver deja una estela de sangre. Cuando está a punto de dejar la escena del crimen, escucha unos golpes en la puerta de adelante. Deja caer los brazos de Daniel. Su corazón late con prisa. De vuela los golpes. Ella permanece inmóvil. Asoma lentamente su cabeza para ver esa inquietud. Ve una sombra que se ve distorsionada por el angosto doble vidrio color amarillo situada al costado derecho de la puerta. Leticia vuelve a su lugar, se sienta sobre el piso, cierra sus ojos y se tapa la boca. Quiere deshacerse de esa latente amenaza. Al costado de ella, el cuerpo de su amigo.
Pasan dos minutos. Saca las manos de sus orejas y abre los ojos. Silencio. Aquella persona se fue. Se incorpora y termina con su tarea. Gira a la izquierda y atraviesa el pasillo. Llega hasta al fondo, donde hay una ventana. Por precaución, va a desatar los nudos de las cortinas. Leticia profiere un sofocado grito cuando siente un tirón en su pierna derecha. Se corre de la ventana y voltea su cabeza. Daniel se arrastra sobre el piso de madera. Quiere irse de allá. Leticia junta valor. Se acerca y con su zapato derecho le pisa de manera fuerte la cabeza unas reiteradas veces hasta dejarlo sin vida. La cabeza, despedazada. Se da vuelta y desata los nudos. Se agacha y mueve la cabeza de su amigo a los costados. Lo agarra del pelo. Ve sus ojos abiertos y la boca semiabierta. Suelta su pelo y su cara cae con un seco ruido sobre el suelo. Leticia se levanta y abraza las manos del cadáver y lo gira a un costado. Abre la puerta del sótano y arrastra un poco el cuerpo difunto. Lo agarra de la cintura y su cabeza pasa la entrada del sótano. De vuela escucha los golpes sobre la puerta. Abandona sus manos de la cintura de Daniel.
Leticia maldice el momento inoportuno. Golpes. Se acerca la puerta sin hacer mucho ruido con sus zapatos. “Leticia, abrí por favor… Hay que ser demasiado estúpido para no saber que estás ahí. Dejaste la puerta del garaje abierto. Abrile a tu amiga” Leticia blanquea sus ojos marrones. Es Miriam, su amiga del trabajo. Se rasca la cabeza. Mira para atrás y ve un charco de sangre y las huellas rojas de sus zapatos. Mira para la puerta y se desespera. Su corazón late con mucha prisa. Se agita. “¡Voy!” le dice con un tono desesperado a su amistad. Entra al comedor, gira a la derecha. Prende la luz del baño. Abre la cortina celeste de la ducha y saca de la rejilla el trapo de piso. En el extremo derecho hay un balde blanco. También lo saca. Abre la canilla del medio y luego la de agua caliente. Pone el balde bajo el grifo del medio y espera a que se llene hasta la mitad. Pone el trapo gris y agarra la manija del balde. Abandona el baño y pone el balde sobre el piso. Se olvida de traer el secador. En su corrida hacia el baño, escucha los incesantes golpes en la puerta. Entra al baño, corre la cortina por la derecha y saca el secador. Sale del baño y llega al comedor. Enjuaga el trapo y lo exprime un poco. Lo pone sobre el piso y luego el secador sobre él. Desde donde están ubicadas las últimas patas de la mesa hasta donde está el cuerpo de Daniel pasa el trapo. En esa inquietante recorrida mete tres veces el trapo al agua para sacarle la sangre. La primera en la entrada del comedor, la segunda en la mitad del pasillo y la tercera en los pies de Daniel.
“¡Mirá! Hasta dejaste la puerta sin llaves. ¡Voy a entrar!” Leticia tira el balde, junto con el secador y el trapo. Corre hacia la puerta y ni bien se asoma su amiga, llega a la puerta. Con su mano derecha empuja la cara de su amistad y Leticia sale de su casa. Cierra la puerta atrás de ella. Miriam la mira con extrañeza. “¿Qué te pasa, Leticia? Casi me matás” le dice a su amiga, quien emite una risita nerviosa. “No, no, no… no pasa nada Mir…”. “¿Por qué tardaste tanto en atenderme? Si no querés ser mi amiga, podes decírmelo en la cara” le increpa con un tono respetuoso. Leticia quiere relajarse un poco, pero le es una traba. Le responde: “No, no es eso. Te… te considero aún mi amiga… Lo que pasa, te explico… tardé, tardé, algo simple… tardé porque estaba, estaba dormida. Je, estaba dormida”. “Sí, se nota” - mientras se acomoda su pelo castaño - “porque dejaste la puerta de acá sin llaves y la puerta del garaje abierta”. Leticia camina al costado de la casa y mira la puerta de la cochera efectivamente abierta. Mira hacia Miriam y le dice mientras señala el lugar con su mirada: “Ja, qué tonta soy… Es verdad, la puerta, la puerta esta cerrada… digo, abierta. Vine del trabajo cansada. Metí el auto allá y no bajé, cerré, la puerta. La puerta está abierta…”.
“Leti, ¿te estás drogando?” La pregunta la toma por asalto. “No, no, ¿por qué decís eso?” le dice. “Lo digo francamente porque te veo muy alterada, nerviosa y con los ojos muy abiertos” le responde a Leticia. “No, no me drogo para nada. Vos sabés, sabés, bien que vengo de una tradición familiar que odia eso… Así, así que no,… no me drogo. Sólo qué estoy un poco así por el trabajo” trata de sincerarse, aunque sabe que es cierto. “Vamos, te hago una taza de té” le invita a Leticia. “¡No!” le dice en su cara y la detiene apoyando sus mano sobre el pecho de Miriam, quien mira hacia abajo y ve con consternación su mano con un poco de sangre.
“¡Dios mío, Leticia, ¿qué te pasó?!”, le pregunta a ella y se aleja con un poco de miedo y sorpresa. “Ah, esto, no, no, perdoná. Cuando me desperté, y cerré la puerta de mi pieza sin haber sacado mi mano. Bueno, viste como está ahora. Me, me, lastimé”. Le dice. “¿Y la otra mano?” le pregunta. “¿La otra mano? Sabés, estoy tan nerviosa como decís vos que no se por qué. No sé. Tal vez mi mano está así porque agarró mi otra mano ensangrentada. Sí, eso es” responde.
“Aún así te acompaño para vendarte” le pide a Leticia, quien responde: “No, está bien. Gracias Miriam por preocuparte, pero… gracias. Sabés… estoy muy cansada. Nos… nos vemos mañana” - retrocede - “y después charlamos… Nos vemos” Miriam quiere continuar con la extraña conversación, pero Leticia ya está en el interior del pasillo y le cierra la puerta frente a ella con llave y cerrojo. Miriam no sabe qué decir o hacer. Se acerca a la puerta y detiene su puño derecho antes de llegar a la superficie de la puerta. Se va. Mira a un costado la casa y ve una luz que se enciende abajo. Esa luz no viene sino del sótano. Miriam no avanza. Se acerca para ver. Sabe que está mal lo que está haciendo. Está invadiendo la privacidad de su amiga, pero algo en su mente la persuade a que indague. Se pone al costado izquierdo de la ventanilla, se agacha y asoma su cabeza.
No puede creer lo que está viendo. Contempla con terror a alguien que yace sobre el piso. Frunce su ceño. Se levanta y contiene su agitación. Mira de vuelta y lo ve ahí, cubierto de sangre en la cabeza. Mira a los costados. Nadie a la vista. Con su mano derecha, abre la ventanilla para adentro. Mete sus pies, luego su cintura y luego su cabeza. Con gran esfuerzo, ingresa al sótano. Huele a podrido. Luego escucha un par de pasos que avanzan y Miriam no sabe que hacer. Mira. Ve un placard. Abre la puerta izquierda y se mete. Apenas entra la luz por la rendija superior de la puerta. Se tapa la boca para no hacer alguno que otro ruido. Escucha que alguien baja por las escaleras, luego un par de martillazos y una sierra eléctrica. No quiere imaginarse lo que debe estar pasando la puerta del mueble. Pasa una hora Luego ese escalofriante ruido se acalla. No sabe qué hacer. Quiere respirar. Mansamente abre la puerta, la cual hace rechina. Miriam cierra sus ojos y muerde sus labios. Se agita. Abre sus ojos y deja de morderse los labios. Abre la puerta a pesar del crujido oxidado. Ve el piso lleno de sangre. Se tapa la boca. Mira a los costados. Quiere irse y llamar a la policía de inmediato. Se acerca a la escalera del sótano. Los peldaños, con huellas de sangre. La puerta está abierta. Se agita. Se da vuelta y sube a la ventanilla abierta. Salta, pero no llega. Sus ojos están llenos de lágrimas. Pronto siente un fuerte golpe atrás de su cabeza. Siente algo grande y filoso que atraviesa su cuero cabelludo hasta perforar su cráneo. Su vista de desvanece. Su respiración se corta. Siente un repentino congelamiento en su cuerpo. Cae al suelo boca arriba. Su vista, clavada al techo de madera. Sucumbe de inmediato. Leticia ve que el piso se torna rojo y blanquea su enfermiza mirada.
Larga Vida a la Justicia!!!!!
1 comentario:
Ayyy!!! fer cuanta sangre!!, pero no entiendo a que se debe el titulo un gato en la morgue??, o no tiene relacion?,pobre Mirian, Leticia muy mal una eferma, me gusto al menos me atrapo, pero hay olor a muerto je,besos buena semana!!
Majo
www.refugiodelkaos.blogspot.com
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