lunes, 6 de octubre de 2008

A - A


Nuevamente, el cielo está demasiado alto para Ana. Su última ilusión recayó en su único y gran amor, Alejandro. Ana no puede sobreponerse al pesado pesar. En su habitación, las almohadas son un único consuelo. No llora desconsoladamente. Esta tiesa como una hoja a punto de desprenderse de una rama. Solo derrama lágrimas en su bello rostro. Suspira suavemente. Sus almohadas no hacen otra cosa que apaciguarla con su confort. De vuelta suspira. Se da vuelta y gira su cabeza hacia el balcón. Observa el resplandor del crepúsculo que entra en su pieza. A pesar de su tristeza, se queda encandilada por ese bello paisaje. Se levanta de su cama vagamente, como si estuviera cargando una mochila de yeso, o más bien de ilusiones rotas. Se dirige hacia al balcón y apoya soslayadamente su cabeza y brazos sobre la baranda del mismo. Luego, contempla tiernamente el crepúsculo. Piensa que es una bella tarde para cierta intimidad. Una tarde que invita a que dos desconocidos encontrarse por cierta casualidad para charlar acerca de cosas sencillas. Una tarde que provoca una delicada brisa de besos y caricias. Una tarde que induce a los tiernos y cariñosos susurros en el oído de aquel amor. “Te amo”. Una tarde para los abrazos. Una tarde para las miradas. Una tarde para pasear de la mano a solas por un jardín. En fin, una tarde para un crepuscular amor. Para aquellas almas que morirían por una caricia y un beso.
Ana contempla los colores del crepúsculo. Amarillo, naranja, violeta, azul y rojo lo componen. Balbucea: “Que bello espectáculo para los ojos”. Por un momento, se desvía su mirada hacia abajo. Ve a una pareja dándose un tierno beso en un banco de la plaza. Se miran el uno al otro y no se dicen nada. Sólo sus miradas lo dicen todo. “Te amo”. A Ana le tiemblan un poco sus labios. Agacha su mirada y sus lágrimas corren por su bello rostro. No hay tensión superficial. Las lágrimas caen inevitablemente desde el octavo piso hasta la vereda. Cae como una gota de lluvia. Mira detenidamente el suelo de la vereda. Recuerda las palabras de aquel amor que la hizo levitar entre las nubes. “Ana, me gustas mucho” “Si me amas, pondré cerezos en tu corazón” “Tu delicada mano ahora es mía para siempre” “Una flor para otra flor” “Sos mi sol radiante” “Moriría por estar con vos” Y recuerda las últimas palabras de él “Esta relación se está resquebrajando” “Pidámosno un breve tiempo para pensar acerca de nuestra relación” “No salgo con otra chica, sino que desgraciadamente nuestra relación no funciona más” “Perdoname” “Siempre te tendré en mi corazón, Ana”.
Sí, yo también” apenas murmura lúgubremente Ana apuntando su tierna mirada hacia la nada mientras el crepúsculo proyecta sus últimas luces cálidas sobre ella.

Larga Vida a lo Duradero!!!!!

2 comentarios:

an dijo...

Hola Fer!!

como siempre...excelente...
espero ansiosa otro posteo...
debo confesar que en algunos pasajes (en particular al principio)experimenté una cierta identificación...

Larga vida a tus posteos!!

Besos!!

Fer dijo...

Hola An!

Com siempre, grazias por pasar por el blog. Te agradezco por considerar bueno el escrito que hice. En realidad, no pensé en nadie. Solo escribí acerca de la separación desde el punto de vista de quien la sufre. En fin, me puse en la piel de aquella persona.

Hay escritos en los que uno se puede identificar completamente, ya sea con los personajes o las situaciones. Y eso es fabuloso.

Larga Vida a los Posteos!!!!!